
Los minerales (hierro, calcio, fósforo, potasio, sodio, etc.) son elementos inorgánicos que tienen funciones estructurales y reguladoras y que, al igual que las vitaminas, son imprescindibles para un adecuado desarrollo y funcionamiento del organismo. Entre las numerosas e importantes funciones de las vitaminas y minerales podemos destacar las siguientes:
• Contribuyen al desarrollo y protección del organismo y del sistema inmunológico.
• Síntesis de algunas hormonas.
• Protección contra los Radicales Libres* a través de la acción de los Antioxidantes (Vitaminas A, C, E, etc.). (Los Radicales Libres son moléculas que surgen a raíz de la contaminación, tabaco, exposiciones prolongadas al sol, estrés, ejercicio excesivo, etc., y que contribuyen a la oxidación o envejecimiento prematuro de las células del organismo.)
• Aunque por sí solas no producen energía, sí participan en las reacciones a través de las cuales se obtiene la energía en nuestro organismo.
Debemos tener en cuenta que no sólo una deficiencia de vitaminas y minerales en la dieta puede tener negativas consecuencias para el organismo (mayor propensión a enfermedades, anemia, debilidad muscular, crecimiento retrasado, huesos mal desarrollados y débiles, etc.), sino que incluso un excesivo consumo de éstas, sobrepasando los requerimientos adecuados, puede originar un empeoramiento en el rendimiento físico y mental, e incluso serios trastornos como, por ejemplo, fragilidad de los huesos, caída del cabello, erupciones cutáneas, etc.
Por lo tanto, es difícil que los suplementos de vitaminas y minerales puedan reportarnos algún beneficio si llevamos una dieta variada y equilibrada, y sólo como medida provisional, podemos utilizarlos en caso de:
Malos hábitos dietéticos.
Anemia (carencia de hierro).
Embarazo.
Enfermedad o estado convaleciente.
Gastos energéticos muy altos, propios del deporte de elite entre otros.
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